ARGENTINA

El resultado de las PASO, la devaluación y un país sin debate

Se fueron las primarias y el dólar alcanzó un «precio razonable» pero hasta este punto llegamos sin discutir ideas sobre las principales políticas de Estado para los próximos años y así parece que llegaremos a elegir al próximo presidente.

El contundente triunfo de Alberto Fernández, representante del neokirchnerismo, y la fuerte devaluación del día posterior cambiaron el eje de un debate que nunca llegó a ser tal. La discusión -que no se puede llamar de ideas- en la Argentina se parece a una mesa redonda del meme y las políticas de Estado para los próximos años están ausentes de la agenda de todos, nuestros representantes y el resto de la sociedad.

El oficialismo imposibilitado de hablar de economía centró la campaña en la polarización y en la idea de que el miedo a la vuelta de Cristina Kirchner le ganaría al descontento, pero falló y por mucho en sus cálculos. El neokirchnerismo -pese a tener voces tan discordantes que se contraponen hasta en lo esencial- se focalizó en que los argentinos antes de 2015 podían llenar la heladera y ahora no.

Ninguno de los dos dejó antes del 11 de agosto no una plataforma de gobierno sino un atisbo de cómo ejecutarán en los próximos cuatro años una o dos siquiera políticas centrales de su eventual gestión.

Las PASO ya son historia y el lunes negro, que llevó el dólar «a un precio razonable» cercano a 60 pesos según el candidato más votado, aumentaron la indigencia del debate que se tiñó de verde y no por los pañuelos. Hoy sólo entra en discusión cómo contener a la divisa estadounidense y atender la coyuntura ni siquiera hasta fin de año sino hasta las elecciones de octubre.

En este contexto el más beneficiado y no sólo por los números es Alberto Fernández. Como suele suceder en la Argentina las mieles del éxito dan impunidad.

El representante del Frente de Todos hoy goza ahora de una prensa complaciente y logra evitar temas ríspidos que lo enfurecen y definiciones incluso sobre el perfil de su equipo económico.

Muy pocos hoy se preguntan por los fuertes contrapuntos del ex jefe de Gabinete de Néstor con Máximo Kirchner, Axel Kicillof y con la hoy ausente Cristina Fernández. Listado al que también podría agregarse Sergio Massa. Tampoco respondió qué pensaba sobre las declaraciones del hijo del ex matrimonio presidencial quien aseguró que no se le podía pagar al FMI a costa del hambre de los argentinos. Alberto podría llegar a gobernar el país con los presidentes de Diputados y del Senado distantes a varias de sus ideas al igual que la mayoría de los legisladores que integran la lista que él encabeza.

Tampoco hubo una respuesta de parte de Fernández sobre la advertencia de Diosdado Cabello, figura central de la dictadura de Nicolás Maduro, quien señaló: Que no se equivoque, que no vaya a creer que lo están eligiendo porque es él».

Esa idea para muchos fue una gestión de un sector de la alianza que más votos cosechó en las PASO pero también desnuda una interna profunda en ese mismo tema: Alberto se distanció un poco y ensayó una tibia condena del régimen de Maduro mientras que en el entorno del armador y dueño de las listas del Frente, Máximo Kirchner, no hubo un solo cuestionamiento a la naturaleza criminal de la dictadura venezolana descripta con absoluta claridad y contundencia por la ex presidenta chilena y actual Alta Comisionada ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet.

Todo parece indicar -y esto ocurre también por la propia impericia en el debate del hoy oficialismo- que Alberto Fernández llegará sin responder que piensa hacer con las políticas acertadas que tuvo el Gobierno.

Poco se sabe qué hará por ejemplo en la política exterior si buscará o no los mismos aliados que la administración de Mauricio Macri o volverá a los socios que tenía el viejo kirchnerismo: Irán y Venezuela. Aún no adelantó cómo luchará contra la corrupción, o su política para combatir el narcotráfico y la delincuencia, si continuará algunas de las políticas desarrolladas por la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. Tampoco hubo definiciones sobre la obra pública, es decir qué mecanismos se utilizarán para dar transparencia y si profundizarán lo que se viene haciendo en cloacas, agua potable, rutas y transporte.
De todas formas lo más preocupante es que todo se encamina a que en estos meses tampoco sabremos cómo y con quiénes -es decir su equipo económico- piensa llenar la heladera de los argentinos.

En Estados Unidos faltan 15 meses para las elecciones presidenciales y los demócratas ya llevan dos rondas de debates dónde el favorito Joe Biden al igual que sus rivales vienen dando definiciones sobre innumerables políticas de gestión. La pobreza del debate en la Argentina parece proporcional a las cifras de indigencia que hace décadas arrastra nuestro país.

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