OPINIÓN

La muerte del pedófilo millonario Epstein arrastra a grandes figuras

Los que creen que el sistema estadounidense de prisiones es el más seguro en el mundo están completamente equivocados.

«Algunos de los hombres más grandes y poderosos de EEUU están asustados de alguien o de algo».
(Woodrow Wilson, 1826-1924).

El reciente supuesto suicidio del multimillonario financista Jeffrey Epstein, acusado de tráfico y explotación sexual de menores, mientras estaba en una celda en observación especial, demuestra que esas cárceles son cada vez más parecidas a las del tercer mundo.

En el momento del suicidio del magnate financiero, las cámaras de vigilancia del Centro Correccional Metropolitano de Manhattan, en Nueva York, considerado uno de los más seguros de EEUU, estaban desconectadas. Y los guardias asignados para vigilar a Epstein cada 30 minutos olvidaron cumplir con su deber porque se quedaron dormidos. Después, según The New York Times, falsificaron el registro para encubrir la ausencia de vigilancia durante las tres horas previas al suicidio.

Una niña pequeña (imagen referencial)

Curiosamente, nadie en el Centro Correccional donde estaba Epstein prestó atención al hecho de que el 24 de julio, 18 días después del encarcelamiento, el financista se desmayó y cayó herido a la entrada de su celda. Resultó que había sido atacado por su compañero de celda, el expolicía Nicholas Tartaglione, candidato a pena de muerte por cuatro asesinatos relacionados con la droga (New York Post, 16-08-19). Fue el aviso, en realidad, de una muerte anunciada. No obstante, tanto su abogado como las autoridades del Centro Correccional de Manhattan, ignoraron aparentemente aquel intento de asesinato. Fueron los propios abogados quienes pidieron después de aquel incidente cambiar el régimen de vigilancia de guardia suicida a la observación especial. Nadie sabe sobre la existencia del informe médico sobre aquel intento y los medios de comunicación globalizados simplemente lo ignoraron y ni siquiera interrogaron a los médicos que atendieron a Epstein.
Todos estos hechos indican que el magnate financiero fue condenado de antemano a la muerte. Y así sucedió el pasado 6 de agosto, cuando Jeffrey Epstein fue encontrado sin vida colgado en su celda. Días antes de su deceso, otro recluso que compartía la celda con Epstein y cuyo nombre nadie en la prisión quiere revelar, fue trasladado a un lugar desconocido dejando solo al financista. La autopsia reveló que el magnate acusado de explotación sexual de menores tenía varios huesos rotos en el cuello, especialmente el hioides, que, de acuerdo con el presidente de la Asociación Nacional de Médicos Forenses, Jonathan L. Arden, se produce mayormente durante el ahorcamiento y estrangulamiento. Todo esto explica los espantosos gritos provenientes de la celda de Epstein que escucharon varios reclusos de las celdas vecinas.

Jeffrey Epstein, multimillonario estadounidense

A medida que pasa el tiempo surgen más preguntas que respuestas. Ni el fiscal general de EEUU, William Barr, tiene una clara respuesta sobre la muerte del depredador y esclavizador sexual de adolescentes, Jeffrey Epstein. Lo único que atinó a declarar el fiscal fue que «la muerte de Epstein plantea muchas preguntas, pero nadie escapará de la Justicia». Definitivamente sería tarea muy difícil para las autoridades judiciales resolver este caso, porque hasta los guardias del Centro Correccional de Manhattan se negaron a colaborar con el Fiscal de la Nación. La respetada columnista de The Wall Street Journal, Peggy Noonan, escribió: «Esta historia sobre Epstein, el más famoso prisionero de América, abarca todo. Riqueza, poder, oscuridad, príncipes y presidentes. Gente que posee secretos. Rumores de espionaje».
A la vez, el exagente de la CIA Kevin Ship señaló que, misteriosamente, «el FBI tardó mucho en registrar los apartamentos del magnate financiero en Manhattan y su Isla de las Orgías, su residencia Little St. James, ubicada en las Islas Vírgenes pertenecientes a Estados Unidos. Allí hay mucho material comprometedor sobre gente de mucha importancia. El primero en la lista es Bill Clinton y su Fundación Clinton, que es un fraude. Bienvenido a la élite global. Bienvenido al tráfico humano, pues todo está conectado».

Kevin Ship tiene toda la razón, especialmente ahora que empiezan a salir nombres de la red de sus amigos, colaboradores, clientes de su Isla de la Pedofilia, conspiradores, asistentes nacionales e internacionales a sus fiestas en Manhattan y Palm Beach, que eran transportados en el avión de matrícula № 474AW, que Jeffrey Epstein compartía con la CIA y la DynCorp International —una de las mayores empresas privadas militares, que emplea a 26.000 personas— (Washington Examiner, 10 de agosto 2019). Por mucho que varios medios de comunicación globalizados digan que Epstein no era nadie y que lo único valioso de él eran sus contactos, la realidad de este personaje perverso es completamente diferente.

Jeffrey Epstein, multimillonario estadounidense

Es cierto que Epstein nunca pisó una universidad. Sin embargo, manejaba bien los números, y supo rodearse de ricos y poderosos py segurara su protección idad. Ya en 1982 pudo crear en las Islas Vírgenes la Financial Trust Co. con la ayuda de David Rockefeller. Se calcula que la riqueza actual de este financista y el responsable de una vasta red de trata de personas, en su mayoría menores de edad, es superior a 500 millones de dólares, escondidos en paraísos financieros. Al momento de su muerte, Epstein estaba en la junta directiva de la Universidad Rockefeller y era miembro de las más poderosas organizaciones mundiales: la Comisión Trilateral y el Consejo de Relaciones Exteriores (CRE), que deciden el futuro del mundo para el beneficio de las élites internacionales. El senador Barry M. Goldwater describió en su libro With No Apologies (1979) el propósito de la Comisión Trilateral, que coincide completamente con la meta del CRE: «Tomar el control de cuatro centros del poder mundial: el político, monetario, intelectual y eclesiástico, para crear un poder económico mundial superior a todos los Gobiernos de los Estados naciones involucrados».

Entonces, el traficante y depredador de menores era uno de estos hombres que estaban definiendo el futuro del mundo. La lista de estos hombres y mujeres poderosos y extremadamente ricos que subían a bordo de su avión, bautizado como Lolita Express, en busca de los placeres carnales con las muchachas menores de 15 años de edad reclutadas en los colegios exclusivos de la élite internacional y entre aspirantes a modelo provenientes de la ex Unión Soviética, Europa Oriental y América Latina, revela el grado de poder de estos personajes, a la altura de su degradación moral. Parece que los hombres fuertes de las sociedades más secretas del planeta, como el Bilderberg Group, Skull and Bones, Bohemian Grove Group, St. Hubertus y de tantas otras instituciones, eran clientes habituales de la Isla de las Orgías.
Por lo que se supo en su primer juicio, la lista de los clientes de Epstein guardada en el Pequeño Libro Negro, que registraba meticulosamente al estilo del siniestro hombre peruano Vladimiro Montesinos a todos los que visitaban su Isla Pedófila, incluye a personajes como Bill Clinton, Donald Trump, George Soros, Henry Kissinger, David Rockefeller, Evelyn de Rothschild, el príncipe Andrés de York, el premio Nobel de la Paz Elie Wiesel, el exministro laborista británico Peter Mandelson, el exgobernador de Nuevo México, Bill Richardson, el multimillonario David Koch, el magnate venezolano Gustavo Cisneros, el expresidente de Colombia, Andrés Pastrana, el ex primer ministro laborista del Reino Unido, Tony Blair, el dueño de Victoria’s Secret, Leslie Wexner, el exprimer ministro israelí, Ehud Barak, los periodistas Charlie Ross, George Stephanopoulos, Mike Wallace, Katie Couric y un sinnúmero de artistas incluyendo a Mick Jagger y Dustin Hoffman (Vigilant Citizen, 24 de julio 2019; CubaDebate, 12 de agosto 2019, New York Magazine, The High Society that Surrounded Jeffrey Epstein, 22 de julio 2019).

En total, el Pequeño Libro Negro de Epstein incluye entre 1.000 y 2.000 personas que visitaron su isla y existen también grabaciones de su visita y de sus aventuras con las muchachas. Ahora esta agenda ha desaparecido misteriosamente. Ya hace 10 años, el mayordomo de Epstein, Alfredo Rodríguez, trató de vender aquel libro a los medios de comunicación, pero terminó muerto. En una rara entrevista de Jeffrey Epstein con el periodista David Bank en 2003, el financista recalcó que su lema de vida consistía en «nunca estar apegado a las cosas o a las personas», y que «se podía comprar incluso a amigos».
Parece que se equivocó Epstein, porque los supuestos amigos que él compraba lo vendieron también a él para poder respirar tranquilamente. Su Pequeño Libro Negro tal vez esté bien resguardado y posiblemente aparecerá dentro de unos 50 años. No cabe duda de que la Madame de Epstein, de nacionalidad francesa norteamericana Ghislaine Maxwell, quien administraba su negocio, buscaba e instruía a las ambiciosas muchachas que aspiraban a ser ricas o simplemente las engañaba, sabía de este secreto, pues era hija y heredera de Robert Maxwell, el exdueño de uno de los periódicos más leídos en los años 80, el Daily Mirror británico.

Se sospechaba que Maxwel fue uno de los más importantes agentes del Mossad (Instituto de Investigación e Inteligencia de Israel), y que este magnate financiero, excelente nadador y buceador «se cayó de su yate al mar y se ahogó». Los autores del libro El Espía del Mossad, Gordon Thomas y Martin Dillon, sospechan que Maxwell fue asesinado por el mismo Mossad al decidir que no lo necesitaban más y para encubrir lo que él había hecho para Israel y el Mossad. Debido a lo acontecido y conociendo bien la suerte de su padre, Ghislaine debe de estar asustada, pues también se sospecha que Jeffrey Epson era agente del Mossad.
Mientras tanto, la lista de las personas muertas misteriosamente relacionadas con el caso del prisionero 765318-054 del Centro Correccional de Manhattan, Jeffrey Epstein, seguirá aumentando. Por de pronto murió el juez federal de la Corte del Distrito de Manhattan, quien supervisaba el caso de Jeffrey Epstein en 2008 relacionado con la violación de la adolescente Virginia Roberts. Este juez permitió que Epstein fuera sentenciado en vez de 30 años a 18 meses de cárcel. En aquel entonces, su abogado, Alexander Acosta, ayudó a Epstein a esconder sus crímenes, pero hace poco Acosta tuvo que renunciar a su cargo como secretario de Trabajo en el Gobierno de Donald Trump.

En una reciente declaración a la revista estadounidense New York Magazine, el guardaespaldas, chofer y entrenador ruso de Epstein, Igor Zinoviev, declaró que «se avecinan grandes problemas» por la reciente divulgación de documentos que involucran a personas poderosas ligadas a los abusos. No obstante, el mismo guardaespaldas debe de estar asustado, pues conoce mucho sobre Epstein y sus amigos. Los abogados de Epstein, Jeffrey Schantz y Darren Indyke, tuvieron que contratar a un abogado especialista en defensa criminal para su protección. No obstante, nadie sabe a quiénes seleccionará el sistema norteamericano como próximas víctimas del caso de Epstein. La realidad supera a la ficción.

AUTOR.Vicky PeláezVicky Peláez.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE COORDENADA INFORMATIVA .

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