SOCIEDAD

Salmonicultura amenaza una tradición fueguina

Pescadores artesanales de centolla temen cría intensiva salmones.

El proyecto de instalar jaulas para la salmonicultura intensiva en el Canal de Beagle, uno de los ambientes más prístinos del mundo, puede arrastrar como víctima colateral a uno de los grandes atractivos de Ushuaia: la centolla, el crustáceo gigante que vive en el fondo de las aguas fueguinas y podría caer víctima de la contaminación causada por la cría intensiva de salmones.
Puerto Almanza, a unos 35 kilómetros de Ushuaia, es el lugar donde se concentra un puñado de pescadores artesanales de centolla que están alertas ante los proyectos de empresas noruegas y chilenas de instalar jaulas salmoneras en las aguas del Canal de Beagle.
Días atrás una reunión realizada en Ushuaia bajo el auspicio de la firma Patagonia, con presencia de activistas, ambientalistas y cocineros -entre ellos el reconocido Francis Mallmann, quien ya dejó de ofrecer salmón en sus restaurantes por la contaminación que causa la cría intensiva de la especie- recordó la necesidad de que se apruebe una ley provincial que prohíba la salmonicultura intensiva en Tierra del Fuego. Diana Méndez, la primera mujer patrona de una embarcación de pesca en el Canal de Beagle, estuvo presente. Y desde su pequeño restaurante Puerto Pirata, sobre Punta Paraná -en la zona de Puerto Almanza, a orillas del Beagle- explicó la importancia de preservar la pureza de las aguas para conservar el recurso de la centolla. Méndez subrayó que si en la Argentina la legislación permite colocar cien trampas por pescador, y hay apenas ocho pescadores artesanales en Puerto Almanza, la ley chilena permite «mil trampas por pescador». «Los pescadores son muchos, y más todavía en temporada porque pueden venir de otros lados de Chile». Pero para unos y otros, sin embargo, la instalación de las salmoneras es un auténtico peligro.
«Las salmoneras -dijo Méndez a ANSA- representan un peligro enorme. La potencial ubicación de las jaulas sería pasando la zona de la pingüinera, a unos 30 kilómetros. Para impedir que esto ocurra se necesita una ley que no afecte los cultivos a pequeña escala pero los regule perfectamente: lo que no se debe permitir son los criaderos intensivos».
En las zonas donde se ubican las jaulas salmoneras -precisó- «los restos de comida y las heces caen al fondo; eso equivale a matar todo lo que hay en el fondo porque quita la posibilidad de oxigenación en el fondo marino, y por lo tanto la vida desaparece. Escasos meses de una jaula suspendida, muy poquitos, son necesarios para que el fondo marino quede completamente muerto». Dañar las aguas del canal, las mismas donde los pescadores artesanales hierven las centollas recién pescadas que sirven en sus mesas, implicaría romper el equilibrio del lugar y poner fin al proyecto de ruta gastronómica de la Ruta de la Centolla, que hace pocos años nació con intención de ofrecer a los visitantes una auténtica experiencia del fin del mundo. Con este objetivo se asoció un pequeño grupo de pobladores que ofrece centollas recién sacadas de las jaulas de pesca, cocinadas en el mismo lugar, además de navegaciones por el Canal de Beagle, excursiones hacia la montaña y cascadas, circuitos de canopy y otras actividades. Algunos también brindan la posibilidad de hospedarse en sus pequeños pero cálidos alojamientos. Dentro de dos veranos, cuando se haya terminado la nueva ruta entre Ushuaia y Puerto Almanza, el acceso desde la ciudad más austral del mundo será mucho más fácil y la Ruta de la Centolla podrá permanecer abierta a los visitantes todo el año. Sin embargo, los pescadores artesanales como Diana también temen que esto implique mayor facilidad de acceso para las empresas de cría intensiva. «El turista que viene desde cualquier parte del mundo llega en busca de la centolla, pero también hay muchas más especies, como el róbalo, brótola, pulpo, raya, sardinas, erizos. Toda esta actividad se puede mostrar in situ gracias a esta ruta alimentaria, que abarca unos diez kilómetros». «Nosotros no queremos romper el equilibrio de la vida del pescador. No tenemos grandes ambiciones; no es necesario exprimir un recurso para que nuestros bolsillos se llenen de plata. También por eso cuidamos el recurso, el tamaño de la centolla que pescamos…todo lo que puede desaparecer si se instalan las salmoneras». «Que las empresas de otros países lo hagan en sus propias aguas, o por lo menos muy lejos de nosotros, donde no puedan perjudicar el fondo marino y la vida», concluyó Méndez.

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