OPINIÓN

Biden o Sanders: ¿a quién prefiere Trump como rival?

¿Joe Biden o Bernie Sanders? ¿Cuál es el mejor candidato demócrata? ¿Cuál es el preferido por el presidente republicano, Donald Trump?

Para las clases bajas estadounidenses sería bastante mejor que a la Casa Blanca llegara Sanders, quien se considera a sí mismo un «socialista democrático», aunque en realidad tiene un ideario que casa más con el socialdemócrata de corte europeo.

Entre las medidas que pretende adoptar Sanders destaca un ambicioso programa social. Sus propuestas suenan revolucionarias para el ciudadano medio estadounidense: sanidad pública universal, universidad gratuita y cancelación masiva de deuda estudiantil, programas de atención infantil y preescolar, reforma radical del sistema penitenciario, legalización de la marihuana, elevación de la presión fiscal a las rentas altas y corporaciones, eliminación del sistema de financiación electoral privado, desarrollo de una economía verde…
Su plan de Medicare-for-all (Atención Médica para Todos, en inglés) costaría al menos 1,38 billones de dólares al año; a modo de comparación, el presupuesto federal estadounidense para 2021 ronda los 4,82 billones de dólares. Para pagar este plan, según las cuentas que el equipo de Sanders hizo hace cuatro años, crearía un nuevo impuesto sobre la renta del 2,2% y un impuesto del 6,2% a los empleadores. También aumentaría los impuestos a los más ricos. El proyecto ayudaría a 30 millones de personas que en la actualidad no tienen seguro médico.

En otras palabras, muchos latinos que viven actualmente en Estados Unidos se verían favorecidos por los principales capítulos de este programa de izquierdas.

Sanders, que tiene 78 años, sufrió un infarto agudo de miocardio hace cinco meses. Fue hospitalizado tras sufrir dolores en el pecho mientras participaba en un acto de campaña en Nevada. Le encontraron una obstrucción en una arteria coronaria y le colocaron dos ‘stents’ o malla extensible para mejorar su flujo sanguíneo.
En diciembre pasado, difundió las opiniones de tres médicos: el doctor del Congreso y dos cardiólogos. Todos declararon que estaba sano y que se había recuperado de la dolencia cardiaca. Pero la duda sobre su estado de salud será, sin duda, aprovechada por Trump, si finalmente compite contra él, y es previsible que el presidente norteamericano le ataque duro por ese flanco y con las artes a las que ya nos tiene acostumbrados.

Al propio Trump le gustaría que su rival directo fuera Sanders. Ese escenario polarizaría la campaña y los debates televisivos y ante eso el actual jefe del Estado podría sentirse más cómodo y defender mejor su narrativa neoliberal.

«Creo que Bernie es más fácil de vencer», admitió Trump en un reciente mitin. A Sanders, quien visitó la Unión Soviética en 1988 con su esposa Jane en viaje de luna de miel, le llama «el loco Bernie» y «pesadilla socialista».
Con Joe Biden, por el contrario, tendría que cambiar de estrategia porque es un personaje bastante más centrista. El que fuera vicepresidente en la Administración de Barack Obama tiene un programa menos potente que el de Sanders. Cuenta con el apoyo del ‘establishment’ demócrata y la mayoría de los candidatos que se han retirado le han otorgado su apoyo.

Biden apuesta por profundizar la reforma de la sanidad iniciada por Obama, y en educación superior, solo ofrece dos años de gratuidad. Su baza pasa por agrupar a los sectores moderados que temen un giro a la izquierda y prefieren pragmatismo a ideología. La cuestión es que bastantes votantes de Sanders no le votarán a Biden y se quedarán en casa el día de la votación. Los jóvenes y las minorías, incluida la latina, se decantan más por Bernie. Joe, por otro lado, atrae más votos entre los afroamericanos.
El Supermartes, celebrado el 3 de marzo, filtró tajantemente el número de aspirantes. De los ocho que competían, cinco se retiraron en cascada, lo que implica una lucha cara a cara entre estos dos políticos veteranos (Biden tiene 77 años). Hay una tercera persona que sigue en liza: Tulsi Gabbard, pero sólo tiene dos delegados, por lo que sus opciones son completamente nulas. A 9 de marzo, Biden llevaba 664 delegados frente a los 573 de Sanders. Ya se han repartido 1.397 delegados de los 3.979 que están en juego. Cada uno necesita 1.991 delegados para ganar y ser nominado oficialmente en la Convención Demócrata que debe celebrarse del 13 al 16 de julio en Milwaukee, la ciudad más grande de Wisconsin.

Habrá primarias, pase lo que pase, hasta junio, pero a finales de abril ya podríamos tener matemáticamente un ganador. O no. Los números actuales indican una diferencia entre ambos bastante corta que podría cambiar significativamente este mismo mes dependiendo de quien obtenga más compromisarios en Michigan (125 en juego), Florida (219) y en otras plazas significativas.

La dura competencia podría hacer posible que llegaran a abril sin un ganador claro. Entonces se la jugarían el 28 de abril cuando tocan las primarias en Nueva York (274 delegados) y Pensilvania (186). No es descartable todavía que asistamos a una interesante recta final de este largo y complejo proceso de primarias basado en la representación proporcional.

El Supermartes —se celebraron elecciones primarias en 15 estados y también votaron los estadounidenses que viven fuera del país— ha dejado a Biden como favorito, pero la pelea aún no ha terminado, y podría prolongarse hasta el final del camino, tal y como sucedió hace cuatro años con el propio Sanders y Hillary Clinton. En las encuestas manda Biden por casi 10 puntos porcentuales.
Si ambos llegan muy apretados a la Convención de Milwaukee, los demócratas tendrían que acudir a los llamados superdelegados, lo que descafeinaría el proceso de democracia interna. Los superdelegados no son elegidos por primarias o caucus en cada estado. Son los miembros demócratas del Congreso (Cámara de Representantes y Senado), los gobernadores demócratas, los miembros del Comité Nacional Demócrata así como los expresidentes y exvicepresidentes del país y otros antiguos altos cargos de ideología demócrata. Eso quiere decir que Biden es superdelegado.

Igual que Obama, Bill Clinton o Jimmy Carter. Son 775. Tienen libertad para elegir a cualquier candidato, aunque, tras una reciente reforma, les ha sido restringida su capacidad para votar en la primera ronda. Pero su papel será más que decisivo en caso de empate, y seguramente se decantarán por el más próximo al aparato del partido, es decir, por Joe Biden.

AUTOR.Francisco HerranzFrancisco Herranz : Ha desarrollado su carrera profesional en el diario El Mundo, donde ha sido corresponsal en Moscú (1991-1996), redactor jefe de Internacional y de Edición y editorialista, especialista en Europa del Este y colaborador en varias publicaciones especializadas, desde 2010 es profesor en el Máster en Periodismo-El Mundo de la Universidad San Pablo-CEU.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE COORDENADA INFORMATIVA .

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