OPINIÓN

Coronavirus: ¿una guerra sin soldados?

El mismo día en que la Organización Mundial de Salud declaraba que el brote de COVID-19 puede caracterizarse como pandemia a nivel mundial con más de 110.000 casos confirmados y 4.000 muertos en 114 países, el portavoz de la Comisión de Salud de China, Mi Feng, aseguraba que el pico del actual brote de coronavirus había finalizado en su país.

El mundo está frente a la nueva revolución en biotecnología que dará un impulso significativo a su uso en aplicaciones militares.

(Informe ‘Biotecnología, Armas y Humanidad’, Asociación Médica Británica, enero 1999)

Para remate, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, recalcó que posiblemente los militares norteamericanos habían introducido el COVID-19 a China, un rumor a voces desde el inicio de la tragedia.

Ahora resulta que desde 2016 el Gobierno estadounidense secretamente hizo depósitos de los equipos de emergencia, suministros médicos, productos de primera necesidad y millones de dosis de vacunas contra los agentes de bioterrorismo, llamado Strategic National Stockpile, en los Centros Secretos del Control y Prevención de Enfermedades para ayudar a la población a sobrevivir en el caso de una pandemia.
Un año antes, Bill Gates había alertado al Gobierno estadounidense que las futuras guerras serían biológicas y que podrían devastar grandes poblaciones por lo que los gobiernos tenían que apostar por inversión en este ámbito.

Dos meses antes que se reportara el primer caso de coronavirus en Wuhan, el 21 de diciembre de 2019, el 18 de octubre de 2019, el Centro de Biodefensa Civil de la Universidad Johns Hopkins, el Foro Económico Mundial de Davos, la Fundación Melinda y Bill Gates y 15 expertos mundiales en el ámbito de los negocios, gobiernos y salud pública, patrocinaron un simulacro de preparación ante una pandemia de coronavirus en New York, llamado Evento 201. Entre ellos estaban:

Avril Haines, exdirectora adjunta de la CIA;
Adria Thomas, vicepresidente de Johnson y Johnson;
Stephen Redd, director adjunto del Centro de Control y Prevención de Enfermedades;
George Gao, director del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de China.
El simulacro, al que asistieron 130 personas, predijo una pandemia con una cifra de mortalidad a nivel mundial de 65 millones a lo largo de 18 meses. Según los cálculos de los expertos, la pandemia sería la causa de una pérdida económica anual del 0,7% del PIB mundial que sería alrededor de 570.000 millones de dólares.

Mientras todo esto sucedía en New York, en Wuhan (China) a 12.000 kilómetros, de una de las corporaciones globalizadas más sofisticadas, el Laboratorio de Alto Riesgo (Ultra Biohazard Lab), BSL-4 —que se ha convertido en el centro de investigación preferido por los virólogos de todo el mundo y, en especial, por los científicos procedentes de Canadá, Reino Unido, EEUU, Japón— estaba investigando los patógenos más peligrosos del mundo y entre ellos el COVID-19.
Ya se sabe ahora que muchos de los estudios en virología fueron financiados por la USAID y por el Pentágono vía la Universidad de Duke y la Universidad Johns Hopkins con la participación de Instituto Médico de Investigación de Enfermedades Infecciosas del Ejército de EEUU (USAMRID, por sus siglas en inglés) que desde 1990 estaba investigando los coronavirus.

Estos centros de estudios activos en Wuhan tienen proyectos conjuntos sobre enfermedades contagiosas y armas biológicas con la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA). Uno de los proyectos se conoce como Pandemic Prevent Platform P3. También otra sofisticada institución del Pentágono, la Agencia de Defensa para la Reducción de Amenaza (DTRA), ha estado activa en el estudio de coronavirus.

El mes pasado, el periodista Garry Barnett informó que la Universidad de Harvard se apoderó de las muestras del ADN de cientos de miles de chinos y los ha llevado a sus laboratorios. En otra parte del mundo, en Rusia tuvo que intervenir el mismísimo presidente Vladímir Putin para parar la recolección de las muestras del ácido ribonucleico (RNA) y del líquido sinovial por el Grupo 59 de la Investigación Molecular del Comando de Entrenamiento de la Fuerza Aérea de EEUU que creó para este propósito varias Organizaciones No Gubernamentales (ONG).
El presidente Putin remarcó: «¿Saben que el material biológico fue recolectado en todo nuestro país de diferentes grupos étnicos en varias regiones geográficas de la Federación de Rusia? Somos objeto de gran interés». Por supuesto, los rusos pusieron fin a este programa que se parecía mucho a lo que los virólogos de África del Sur junto con sus colegas de Israel hicieron en los años 1990. Ellos lograron descifrar el código genético de los sudafricanos y árabes y crearon una Bala Étnica contra el sistema genético de sudafricanos y árabes.

Entonces no es de extrañar que las muestras genéticas recolectadas en China y Rusia han sido parte de una nueva Bala Étnica.

Teniendo todo esto en cuenta, no es de extrañar que el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, sugiriera que posiblemente el paciente cero en la actual pandemia global haya venido de Estados Unidos. Señaló: «posiblemente los militares de EEUU han traído la epidemia a Wuhan». Precisamente en octubre de 2019 se celebraron unos juegos internacionales deportivos militares en Wuhan a los que asistieron más de 200 militares norteamericanos además de representantes de otros 110 países.
El principal especialista chino en virología, Zhong Nanshan, afirmó que «el coronavirus no se propagó de China». Por supuesto, el Departamento de Estado desmintió esta información y convocó al embajador chino. Pero la duda sobre la procedencia de COVID-19 ya está en el aire. El exmiembro de la Comisión de las Naciones Unidas sobre las Armas Biológicas, Igor Niculin, de Rusia afirmó que «que este virus es un híbrido y producto de una manipulación humana».

Hace poco, la estación de TV de Japón Asahi News Report afirmó que el coronavirus se originó en EEUU y no en China y muchos de los 14.000 muertos atribuidos a la influenza en Norteamérica posiblemente hubieran perecido por COVID-19. Los virólogos de Taiwán también llegaron a la conclusión que el COVID-19 se propagó de Norteamérica y que EEUU tiene cinco cepas (grupo de micro organismos como bacterias o virus que pertenecen a la misma especie), mientras Wuhan, China, Taiwán, Corea del Sur, Tailandia, Vietnam, Inglaterra, Bélgica, Alemania se caracteriza solamente por una cepa.

El patógeno de Italia e Irán es diferente al de China. Llama la atención también que en septiembre de 2019 el laboratorio principal de armas biológicas del departamento de Defensa de EEUU BSL-4, perteneciente a la Usamrid, ubicado en Fort Dietrick fuese clausurado abruptamente por no seguir los procedimientos de seguridad por su personal.
Hace poco, el estudioso norteamericano, David Goodhart, escribió que «ya no necesitamos ayuda de ratas o mosquitos para propagar la enfermedad, porque ahora lo estamos haciendo nosotros mismos». También somos nosotros por vía de los medios de comunicación globalizada entramos dócilmente, sin reflexionar, en pánico mientras los Gobiernos de nuestros países han estado perdiendo control de su destino y gobernabilidad, cediéndolos a las fuerzas globales anónimas.

El antropólogo Samuel Veissiére de la Universidad McGill caracterizó la actual situación de pánico e histeria en que se ha sucumbido el planeta entero en la revista Psychology de la siguiente manera: «Coronavirus es simple y exclusivamente un pánico moral. Como resultado, explorando vulnerabilidades en la psicología humana, se ha hecho cerrar muchas de nuestras escuelas, se ha hecho caer la bolsa de valores, se ha incrementado el conflicto social y la xenofobia, se hicieron cambios patronales y migratorios y se está trabajando ahora para contenernos en espacios homogéneos donde el COVID-19 puede seguir propagándose».

La Unión Europea y Estados Unidos están confirmando su absoluta negligencia por no poseer la infraestructura suficiente para afrontar la pandemia del COVID-19. En un momento tan crítico en sus países respecto a la salud de su población, en vez de convocar a las fuerzas armadas para aliviar la situación, los están enviando a las maniobras militares más grandes y costosas en los últimos 25 años, Defender Europe 2020 en la frontera con Rusia.
Las 40.000 tropas procedentes de EEUU y los países de la OTAN, en vez de supuestamente amedrentar a Rusia, podrían contribuir a la propagación del coronavirus. Ya el comandante en jefe del Ejército norteamericano en Europa, general Christopher Cavoli, y varios miembros de su Estado Mayor están aislados por sospechas de que puedan tener coronavirus. El mismo presidente de EEUU se sumergió en un silencio después que se divulgó información procedente de que el alcalde de Miami, Francis Suarez, que tuvo un encuentro con Donald Trump en Mar-a-Lago fue diagnosticado con coronavirus.

¿Estará bien Donald Trump? ¿Habría hecho bien su prueba? O estaría como el resto de sus 330 millones de habitantes de los cuales hasta ahora solo unos 6.500 en 50 estados tuvieron suerte de tener una prueba contra el COVID-19 perdiéndose en el aire la promesa del vicepresidente Mike Pence de ocho millones de pruebas. Tampoco se sabe nada del Plan de Emergencia Nacional de 50.000 millones de dólares que prometió Donald Trump para neutralizar el daño por el coronavirus. Lo único de lo que se sabe es que la Reserva Federal está inyectando un millón de millones de dólares en el mercado de la moneda.

En otra parte del mundo, Europa, todo está paralizada, inclusive en el país considerado «motor de la economía europea», Alemania, donde «la confusión e irresponsabilidad de la acción estatal alemana, el estado de república se vuelve dramático. Los Gobiernos habían tomado los desarrollos de epidemia y migración para la existencia del Estado. ¿Esto también se aplica a las preguntas sobre lo que estamos tratando con esta enfermedad?
Mientras tanto, en China el virus ha sido prácticamente controlado y el país empezó a luchar por la recuperación económica. Al final de febrero pasado, más del 95% de las corporaciones petroquímicas, de telecomunicaciones, eléctricas, industriales y de transporte regresaron al ciclo normal de producción, igual como el 80% de las corporaciones extranjeras, como Apple, Tesla, FAW Volkswagen Automobile han resumido operaciones. Lo mismo está pasando en Wuhan donde Dongfeng Motor, Honda y Citroën ya están retomando la producción.

Como dijo Xi Jinping: «El tiempo y la historia no esperan a nadie. Debemos mantener una dirección y determinación estratégicas, permanecer unidos, trabajar ardientemente y seguir adelante contra todas las adversidades».

AUTOR. Vicky PeláezVicky Peláez.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE COORDENADA INFORMATIVA .

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