OPINIÓN

Trump gana la partida a la UE en Kosovo

Estados Unidos puede cantar victoria diplomática si Serbia y su antigua provincia, Kosovo, llegan a un acuerdo que ha sido cocinado por la diplomacia norteamericana.

Donald Trump espera obtener antes de las elecciones de noviembre una victoria diplomática en los Balcanes, ante las barbas de la Unión Europea (UE). Washington, a través de su enviado especial a la zona y exembajador en Berlín, Richard Grenell, lleva meses trabajando en un plan que resuelva definitivamente el conflicto entre Serbia y Kosovo, territorio no reconocido como independiente por cinco países de la UE y sin plaza en la ONU y otros organismos internacionales por la oposición de Rusia y China, entre otros.

Ese acuerdo implicaría un intercambio de territorios que supondría también la mudanza de la minoría serbia en Kosovo y la kosovar en Serbia, un tabú hasta hace poco tiempo para los más nacionalistas de ambos bandos y para la UE, temerosa, con Alemania al frente, de que el ejemplo pueda ser imitado por otros países europeos con zonas habitadas por minorías dentro de territorios en disputa.

«Corrección de fronteras»
Para acelerar su plan, Estados Unidos invitó a la Casa Blanca al presidente kosovar, Hashim Taçi, y a su homólogo serbio, Alexander Vucic. Taçi, antiguo comandante de la guerrilla kosovar, había ya lanzado la idea de la «corrección» de fronteras en 2018, pero sus primeros ministros se han opuesto siempre a la idea, como fue el caso de Ramush Haradinaj y su sucesor electo, Albin Kurti.

El partido de Kurti, «Autodeterminación», fue el ganador de las elecciones de octubre de 2019. Su oposición al plan de Washington le costó la pérdida de la mayoría cuando la Liga Democrática de Kosovo, con la que gobernaba en coalición, le retiró el apoyo el pasado mes de marzo. Estados Unidos ninguneó a Kurti y prefirió negociar con Taçi los pasos para llevar adelante con el serbio Vucic la concretización del pacto.
Fue también por iniciativa de Estados Unidos que Serbia y Kosovo aceptaron abrir líneas de transporte aéreas y ferroviarias entre los dos territorios por primera vez desde la guerra que les enfrentó en 1999 y que dio paso a los bombardeos de la OTAN sobre Serbia. Además, Kosovo ha decidido eliminar el ciento por ciento de las tasas que imponía a toda importación de bienes serbios.

El Parlamento kosovar puso fin al interim de Kurti y el 3 de junio ha elegido primer ministro a Avdulá Hoti, también de la LDK, que obtuvo 61 apoyos de los 120 escaños de la cámara, entre ellos 10 de la minoría serbia de Kosovo, que contará con dos ministros en el nuevo gabinete.

Eliminado el obstáculo Kurti, el acuerdo entre serbios y kosovares parece más cercano, aunque el nuevo jefe de gobierno ha pretendido tranquilizar a la oposición y a buena parte de la población asegurando que no habrá intercambio de territorios.

La normalización de relaciones con Serbia, que nunca ha reconocido la independencia kosovar, abriría paso a Pristina hacia una plaza en la ONU y en otros organismos internacionales que ahora tiene vetados. Además, dejaría sin argumentos a la Unión Europea, donde España, Grecia, Rumanía, Chipre y Eslovaquia se oponen al reconocimiento de Kosovo como país independiente. El responsable de la diplomacia comunitaria, Josep Borrell, admitió recientemente que si las dos partes se ponían de acuerdo «no podría ser más papista que el Papa».
Taçi exige visados a Bruselas
El presidente Taçi, una vez recibida la bendición de Trump y reconocido como interlocutor por los serbios, sigue presionando a una UE debilitada. Exige a Bruselas la concesión de visados y se niega a reunirse con el representante comunitario para ese diferendo, el eslovaco Miroslav Lajcak, que, como Borrel, es ciudadano de un país que no reconoce a Kosovo.

Serbia, el más firme aliado de Rusia en la zona, espera también que su postura ayude a levantar obstáculos para ser admitido en la UE, aunque este no sea precisamente el mejor momento para abordar el asunto, como se comprobó en la reciente «cumbre» comunitaria de Zagreb. Por otra parte, su influencia en Kosovo aumenta gracias a los 10 diputados serbios que son indispensable para la supervivencia del nuevo gobierno de Pristina.
Con la puerta de la Unión Europea semicerrada, Serbia prefiere jugar la carta de Trump aunque eso suponga llegar a una entente con un enemigo de guerra que costó a Serbia la amputación del territorio de su cuna histórica, pogromos contra sus ciudadanos y la destrucción de sus lugares de culto.

AUTOR. Luis Alberto Rivas Luis Rivas : Periodista. Excorresponsal de TVE en Moscú y Budapest. Dirigió los servicios informativos del canal de TV europeo EuroNews. Vive en Francia desde hace más de 20 años.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE COORDENADA INFORMATIVA .

 

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