OPINIÓN

La OTAN, impotente ante la tensión en el Mediterráneo Oriental

La implantación de Turquía en Libia y el Mediterráneo Oriental multiplica la tensión en la zona y provoca enfrentamientos diplomáticos con varios países, algunos miembros de la OTAN como Ankara.

La retirada de Francia de la operación «Sea Guardian» de la Alianza Atlántica, en protesta por la amenaza de fragatas turcas a sus navíos, es el último capítulo del conflicto.

El incidente militar entre un barco francés y una fragata turca el pasado 10 de junio en aguas del Mediterráneo pone en entredicho el papel de la OTAN, incapaz de investigar y aclarar los hechos.

El presidente francés, Emmanuel Macron, decidió retirar todos los medios militares puestos a disposición por su país en la operación de la Alianza Atlántica que tiene por objeto hacer respetar el embargo de armas a Libia. Si para el mandatario francés la OTAN estaba ya en estado de muerte cerebral, esta vez sus portavoces militares acusan a la organización de meter la cabeza bajo tierra, de practicar la política del avestruz con Turquía.
El pasado 1 de junio, el navío militar francés «Le Courbet» sufrió tres iluminaciones de radar por parte de una fragata turca, es decir, por tres veces fue objeto de una amenaza inminente de disparos.

Amenazas militares entre socios de la alianza atlántica
Para la ministra francesa de Defensa, Florence Parly, dentro de la OTAN estos actos están considerados como hostiles. «No podemos aceptar» —denunció— «que un aliado se comporte de tal manera contra un barco de la OTAN, bajo mando de la OTAN, en una misión de la OTAN». La alianza militar occidental reaccionó tarde y dijo querer investigar el incidente, pero su vaga respuesta ha provocado el enfado de Francia. La OTAN prefirió no tomar partido por ninguno de sus socios.

El conflicto entre Turquía y Francia es la parte más visible de las hostilidades que el papel de Ankara está jugando en el Mediterráneo Oriental desde hace más de dos años. La situación se agravó con el apoyo del presidente Recep Tayyip Erdogan al Gobierno libio de Fayez Sarraj, en lucha contra las huestes del mariscal Jalifa Haftar. Su implantación en Libia, convirtiéndose en el principal aliado del Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN), ha multiplicado las posibilidades de despliegue militar y de infraestructuras de Turquía, un país que importa el 99% del gas que consume y que busca yacimientos de hidrocarburos en el Mediterráneo con su correspondiente apoyo militar.
Mediante ese pacto, Turquía suministra armamento y apoyo logístico a Sarraj y, a cambio, obtiene la posibilidad no solo de instalar bases militares en Libia, sino también llevar a cabo prospecciones de gas en zonas del Mediterráneo que también reivindican países como:

Chipre;
Grecia;
Italia;
Egipto;
el Líbano.
Hace solo un año, Turquía instaló una plataforma de prospección petrolífera en la zona marítima exclusiva del norte de Chipre. Ankara considera que esas aguas pertenecen a la República de Chipre del Norte —nacida de la partición de 1974 y no reconocida internacionalmente— ante la ira del Gobierno chipriota, miembro de la Unión Europea y históricamente próximo a Grecia. Las protestas de Bruselas quedaron en nada.

Misiles rusos y refugiados paralizan a la OTAN y a la UE
El presidente francés es el socio más crítico con Erdogan dentro de la organización militar de la que ambos forman parte. Macron habla incluso de la «responsabilidad criminal en Libia de un país que pretende ser miembro de la OTAN». Ankara reprocha a Francia su apoyo al «golpista y delincuente Haftar» y considera inaceptable que un miembro de la OTAN se comporte así.

El papel de Turquía dentro de la OTAN viene siendo motivo de polémica desde hace tiempo y en especial desde el inicio del conflicto en Siria. Su punto culminante fue la compra para el Ejército turco de misiles rusos S-400, desechando a los Patriot norteamericanos. Elegir material militar del enemigo de la Alianza Atlántica es algo que el Gobierno de Erdogan se ha podido permitir. Estados Unidos puso en entredicho la venta de los cazas F-35 a Turquía, ante el temor de que los técnicos rusos enviados para la instalación de los S-400 tuvieran acceso a la tecnología del avión furtivo norteamericano.
El presidente turco, «el nuevo sultán» según los medios occidentales, se permite ser el socio discordante de la OTAN y convertirse en el pretendiente que chantajea desde 2015 a la Unión Europea. Sabe que tiene la clave para abrir el paso de millones de refugiados hacia Europa, vía Grecia o los Balcanes. Su vecino y enemigo secular griego ya ha conocido este año momentos difíciles en su frontera con Turquía, antes de la explosión del COVID-19. Tras sus acuerdos con el Gobierno de Acuerdo Nacional Libio, Erdogan tiene ahora también la llave de la puerta de salida de los inmigrantes africanos hacia el Viejo Continente.

AUTOR. Luis Alberto Rivas Luis Rivas : Periodista. Excorresponsal de TVE en Moscú y Budapest. Dirigió los servicios informativos del canal de TV europeo EuroNews. Vive en Francia desde hace más de 20 años.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE COORDENADA INFORMATIVA.

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