ORIENTE MEDIO

El Líbano se hunde y EEUU solo piensa en sacar a Hizbulá del gobierno

A la situación política que azota endémicamente el Líbano se suma desde hace tiempo una desastrosa situación económica que cada día se deteriora más. A principios de julio se registraron varios suicidios en distintas ciudades del país debido a que muchos a duras penas lograron sobrevivir o se han quedado sin recursos para hacer frente a la pobreza.

La libra libanesa, que oficialmente se cambia a 1.507 contra el dólar, ha alcanzado el astronómico valor de más de 9.000 en el mercado negro. Hasta los hospitales carecen de medios para atender a los enfermos y no es extraño que se queden sin electricidad durante horas. Más de 150 hospitales han decidido que a partir de ahora solo atenderán a pacientes cuya vida corra peligro inmediato.

Una anciana libanesa en su casa sin electricidad

EEUU vs Hizbulá
Dentro del caos general agravado por la pandemia de coronavirus, la gran preocupación de Estados Unidos es echar del gobierno a Hizbulá , la principal fuerza política del Líbano, cuyo líder Hasán Nasralá decide si el Gobierno puede continuar administrando el país o debe cambiar, un partido que los EEUU consideran ‘terrorista’ pero cuya influencia en la política libanesa es enorme.

El Gobierno ha solicitado al Fondo Monetario Internacional un préstamo de 20.000 millones de dólares, pero las discusiones de los altos funcionarios del FMI se están eternizando porque EEUU no solo pide estrictas reformas económicas como suele ser habitual sino también, que los libaneses expulsen del gobierno a Hizbulá.
La presión estadounidense está aplazando la concesión del préstamo que el Líbano necesita con urgencia para paliar su crisis estructural. Algunos países europeos se muestran más flexibles y están dispuestos a hallar un camino intermedio que evite el colapso del país, pero la Administración Trump rechaza frontalmente esa posición conciliadora.

Los estadounidenses dicen que quieren acabar con la influencia de Irán en el Líbano a través de Hizbulá, y no parece preocuparles en lo más mínimo que el país quede destruido completamente. De hecho, el Líbano va camino de su destrucción total y solamente un milagro podría salvarlo, pero para Washington lo único que cuenta es que Hizbulá desaparezca del mapa.

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Esto es algo que difícilmente ocurrirá si se tiene en cuenta que Hizbulá cuenta con un apoyo muy fuerte entre los chiíes, la comunidad libanesa más numerosa. La fidelidad de muchos chiíes al partido está fuera de duda, y también está fuera de duda que el país caería en el precipicio si se discrimina a Hizbulá. En resumen, una situación que no se podrá solucionar de ninguna manera a menos que EEUU o Hizbulá den marcha atrás.

Las ayudas
Durante un tiempo Nasralá se opuso a solicitar ayuda al FMI porque que se trata de un organismo que está controlado por EEUU y sabía que los norteamericanos exigirían contrapartidas que Hizbulá no podría aceptar, pero ahora Nasralá no se opone a la solicitud del préstamo aunque matiza que bajo ninguna circunstancia aceptará condiciones políticas.

En cualquier caso, Nasralá ha echado el anzuelo en otra parte, concretamente en China, una potencia interesada en incrementar su presencia e influencia en Oriente Próximo.

«Si China quiere invertir en el Líbano, eso no va a significar que nosotros queramos convertir el Líbano en un país comunista», dijo con cierta ironía el líder de Hizbulá.
Naturalmente, en Washington no son muy favorables a esta opción.

La segunda opción propuesta por Hizbulá es recurrir a la ayuda de Teherán, aunque Nasralá también ha matizado que su partido «no quiere aplicar el modelo iraní en el Líbano». El mayor problema a que se enfrentan estas hipotéticas soluciones es que el Líbano es un país profundamente dividido y que mientras la mitad de los ciudadanos quieren convertirlo en un apéndice de Occidente, la otra mitad desconfía profundamente de Occidente.
La cuestión más candente es que si el Líbano no recibe cuanto antes dinero de alguna parte, se convertirá pronto en un estado fallido, algo que ya lo es en estos momentos. Muchos libaneses piensan que Estados Unidos debería considerar el dramático escenario desde un punto de vista más flexible y salvar el país en el último minuto.

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