OPINIÓN

¿Podrá Lula volver a la presidencia de Brasil tras la anulación de sus condenas?

Ahora que el expresidente y símbolo del Partido de los Trabajadores Luiz Inacio Lula da Silva podría ser candidato nuevamente, en una segunda vuelta podría enfrentarse a Bolsonaro, lo cual según los expertos sería una “lucha de titanes”.

El juez de la Corte Suprema de Brasil (STF) Edson Fachin decidió anular todas las condenas judiciales contra el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva en el contexto de la Operación Lava Jato. Con ello, le dio luz verde al símbolo del Partido de los Trabajadores (PT) para que pueda participar como candidato en las próximas elecciones presidenciales de 2022, en caso de que no sea condenado en segunda instancia.

Horas después de la medida tomada por Fachin, Lula volvió a presentarse, el 10 de marzo, en su bunker político, el Sindicato de los Metalúrgicos, en el ABC Paulista (Gran Sao Paulo), el mismo lugar que casi tres años atrás abandonó para entregarse a la Policía Federal e iniciar su período de prisión en Curitiba, estado de Paraná.

“Este país no tiene gobierno, no tiene ministro de Salud, no tiene ministro de Economía. Este país está a cargo de un fanfarrón. Mientras tanto, los brasileños son cada día más pobres”, dijo el dirigente petista ante la presencia de sus principales aliados y algunos periodistas, en lo que pareció ser su primer acto de campaña rumbo a 2022.

Pese a que días antes de la anulación de su condena Lula había advertido que no lucharía por ser candidato a la presidencia de Brasil en las elecciones nacionales de 2022, también dejó en claro que solo aceptaría ese compromiso “si la izquierda brasileña y el pueblo” así se lo piden.

“Si los compañeros de la izquierda y el pueblo necesitan que yo sea el candidato, pues lo seré. Pero no lucharé con nadie por eso internamente. No puedo decir que no haré eso nunca más (ser candidato), porque cuando lo diga tendré que retirarme del PT y dedicarme a criar codornices en mi casa”, declaró quien fuera presidente brasileño en dos mandatos sucesivos, entre 2003 y 2011.

El probable ingreso de Lula en la contienda electoral que hasta ahora solo tiene a Jair Bolsonaro, actual presidente de Brasil, como candidato confirmado a la reelección, dificulta los planes de los políticos que intentaban acercarse a los partidos del centro del espectro ideológico, alejados de los extremos.

Además de Joao Doria, gobernador del estado de Sao Paulo y miembro del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Luiz Henrique Mandetta (exministro de Salud de Bolsonaro, del partido Demócratas) y Ciro Gomes (Partido Democrático de los Trabajadores, PDT) prácticamente es un hecho que presentarán sus candidaturas, pero aún no terminan de tejer sus alianzas, por lo cual no oficializaron sus intenciones.

“Hasta ahora, Bolsonaro no tenía un adversario materializado. Sus contrincantes apenas eran especulaciones. Pero si consideramos que la opción de Lula se puede hacer viable, ahí sí que Bolsonaro tendrá un fuerte rival de carne y hueso”, explica Carlos Alberto Melo, licenciado, máster y doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Católica de Sao Paulo. “Además, para Bolsonaro, sumergido en acusaciones contra su Gobierno por la economía, el descontrol de la pandemia y la corrupción en su círculo más íntimo, este parece ser un pésimo momento para que aparezca un adversario del tamaño de Lula”, agrega el especialista en cultura política brasileña.

Según los especialistas, el discurso “anticorrupción” que le dio a Bolsonaro la victoria en las elecciones de 2018, ahora puede ser un arma de doble filo para el presidente cada vez que intente atacar de esa forma al Partido de los Trabajadores. “Son varias acusaciones sobre corrupción las que recayeron en los familiares y allegados de Bolsonaro. Si en algún momento de la contienda quiere hablar de la corrupción del PT, le devolverán el discurso con la misma moneda recordando la mansión que compró su hijo Flavio de una manera súper sospechosa en Brasilia, por ejemplo; o si pretende hablar de las intervenciones de los gobiernos de izquierda en empresas estatales, le responderán enfocándose en cómo se metió de llenó en Petrobras. Le costará mucho defenderse”, sostiene Sergio Fernandes, licenciado en ciencias políticas y profesor de la Universidad de Pernambuco.

En su discurso en el Sindicato de los Metalúrgicos, Lula marcó sus intenciones de cara al futuro al criticar actual gobierno de Bolsonaro, acercándose a los más pobres (un voto que llegó a perder en los últimos años) y a posibles aliados (de izquierda y centro), además de mostrarse a favor de la vacunación urgente de los brasileños.

“La semana que viene me pondrán la vacuna y no me importa cuál es el origen del inmunizante. Por eso les pido que no sigan ninguna de las órdenes que da el imbécil del presidente de la República”, afirmó uno de los fundadores del PT, quien finalmente recibió la primera dosis del inmunizante el pasado sábado 13 de marzo, a sus 75 años y en Sao Bernardo do Campo, ciudad del interior paulista donde reside.

“Muchas muertes podrían haberse evitado si este Gobierno hubiese hecho lo básico. Un presidente en serio habría creado un comité de crisis o compraría vacunas en cualquier lugar de la tierra. Pero no, (Bolsonaro) prefirió inventar el uso de la cloroquina y hacerse el chistoso diciendo que la COVID-19 era apenas una gripecita”, aseguró.

Más allá de que el “efecto Lula” parezca, a simple vista, una mala noticia para Bolsonaro y para el resto de los candidatos de centroderecha, algunos especialistas vislumbran que, ante la falta de apoyo, el presidente podría valerse del “antipetismo”, aún vigente en una considerable porción de la sociedad brasileña, para reforzar su posición.

“Tal vez Lula sea el candidato preferido por Bolsonaro para una hipotética segunda vuelta, porque se hará mucho más difícil para los electores identificados con la centroderecha votar por Lula; eso está claro. No quieren al presidente, pero menos al candidato del PT. Esos sentimientos de profundo antipetismo podrían alejar a los votantes más confusos”, evalúa Lara Mesquita Ramos, investigadora del Centro de Política y Economía del Sector Público (CEPESP).

“Normalmente, el presidente en ejercicio suele ir a la segunda vuelta; eso es casi una regla en Brasil y en casi todos los países donde se permiten las reelecciones. Por su parte, el PT es uno de los partidos más votados desde 1989. Si bien no viene haciendo buenas elecciones en los últimos tiempos, Lula es un nombre muy fuerte, fue elegido para presidente dos veces y encima designó a una sucesora (Dilma Rousseff)”, explica Fernandes. “Uno es muy fuerte por ser el actual presidente, y el otro por su historial exitoso. Probablemente ahí tendremos una lucha de titanes”, concluye el analista político.

El resurgimiento de Lula en la carrera presidencial trajo consigo una serie de especulaciones y las encuestas ya empiezan a arrojar sus resultados. Según la consultora Alas, que divulgó sus estudios el miércoles 10 de marzo, el líder del PT vencería a Bolsonaro en la segunda vuelta. De acuerdo con la simulación realizada, el actual presidente se llevaría la primera vuelta con el 32,7% de las intenciones de voto (versus el 27,4% de Lula). Sin embargo, en el balotaje Lula vencería a Bolsonaro con el 44,9% de los votos (contra 36,9% del mandatario de ultraderecha).

“Aunque con un margen más ajustado que Lula, el resto de los candidatos (Mandetta, Gomes o Fernando Haddad, exalcalde de Sao Paulo, la otra carta del PT) también derrotaría a Bolsonaro en la segunda vuelta electoral. Es decir, entre tanto pesimismo con la evolución de la COVID-19 en Brasil, diría que nunca antes fue tan probable que el presidente pierda en 2022”, vaticina Andrei Roman, CEO de Atlas.

“Pero sabemos que la vida da vueltas. Por ejemplo, Brasil puede salir de la parte más fuerte de la pandemia este año. En 2022, el gobierno de Bolsonaro hace un buen trabajo en materia de asistencia social y su candidatura puede recuperarse. No hay nada definido”, aclara el especialista en políticas públicas.

“Diría que lo que hoy está pesando más que la mejoría en la popularidad de Lula, que sí existe, es el rechazo hacia Bolsonaro. Pero eso es algo del momento y no hay manera de prever cómo todo esto puede evolucionar”, continúa Roman. La encuesta de Atlas fue realizada entre el 8 y el 10 de marzo, captando apenas el primer trecho del impactante discurso de Lula en el Gran Sao Paulo.

Sobre las posibilidades de los políticos de ideología más “centrista”, quienes hasta la anulación de la condena de Lula parecían tener grandes chances de conseguir instalarse en el balotaje, el especialista de Atlas comentó: “Para llegar a la segunda vuelta, el centro necesita de dos cosas: primero, una reducción muy rápida de la fragmentación del campo, ya que hoy la tendencia es hacia los extremos (Lula o Bolsonaro); después, tienen que conseguir un candidato con apoyo mucho más espontáneo de los que se barajan ahora, un poco tímidos”.

“Lo ideal es que vayamos con un único candidato. Es poco factible y quizás sea un sueño mío, pero necesitamos reducir la pulverización del centro. Si llevamos más de dos candidaturas prácticamente matamos nuestras chances de participar de la segunda vuelta”, opinó el presidente del tradicional PSDB, Bruno Araújo.

Para Roberto Freire, presidente de Ciudadanía (otro partido del centro), la llegada de Lula a la carrera presidencial no modifica demasiado el panorama que ellos habían diseñado. “Objetivamente, no cambia casi nada. Nosotros nos estábamos articulando políticamente para disputar la presidencia con Bolsonaro y con un candidato del PT. Sin embargo, esta decisión de Fachin (la anulación de la condena de Lula) nos pone en la obligación de unirnos más”, puntualizó.

“Parece que el mercado me tiene miedo. No me tengan miedo. Este mercado ya convivió con el PT durante ocho años conmigo y otros seis con Dilma Rousseff. ¿Cuál es la lógica? No entiendo ese temor, ya que decían que yo era un conciliador nato cuando presidía. ¿Cuántas reuniones hicimos con los empresarios? Y yo les decía: ‘Lo que ustedes quieran, lo construiremos juntos»’, dijo Lula en el Sindicato de los Metalúrgicos, dirigiéndose directamente al empresariado brasileño.

“La posibilidad del centro está allí, en ese miedo que no solo el mercado sino muchos brasileños le tienen a los radicalismos. Quien quiera ser candidato por el centro tendrá que demostrar que no significará una continuidad del presente (Bolsonaro) ni una vuelta al pasado (Lula)”, analiza Renato Dorgan, especialista en estudios cualitativos y marketing político por el Instituto Travessia.

Por Federico Cornali .

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE COORDENADA INFORMATIVA.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *